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Contrastes: sembrando oportunidades en Antioquia y Boyacá

Contrastes: sembrando oportunidades en Antioquia y Boyacá

Son dos años en los que las familias vinculadas a Somos Tesoro a través del componente de Medios de Vida en Antioquia y Boyacá llevan sembrando y cosechando esperanza en sus huertas comunitarias para garantizar seguridad alimentaria a sus familias, promover las buenas prácticas en el campo e incentivar la producción libre de químicos.

“Partir de la tierra de la que uno es, no es fácil; pero acá llevamos ya más de 30 años viviendo” y ahora son sus hijos y sus nietos los que habitan, viven y construyen este territorio. Así ha sido la vida para Pedro Luna, líder de uno de los Consejos Comunitarios de Negritudes que partió de Chocó y llegó al Nordeste Antioqueño, específicamente a la vereda La Caliente del Municipio de Segovia, a dos horas de distancia del casco urbano.

La Caliente se convirtió en su nuevo hogar, y poco a poco fue abanderándose de causas para mejorar las condiciones de vida y convivencia de su comunidad. Actualmente, Pedro es un trabajador incansable de la huerta comunitaria “La Prosperidad” en la que trabaja junto con 6 mujeres: Luz Yadila, Rosalba, Melania, Diana, Maria Ligia y Sandra Elena quienes, al igual que Pedro, han migrado de sus lugares de origen y han conformado sus hogares en el seno de las montañas antioqueñas.

Familias de La Caliente pertenecientes a la Huerta "La Prosperidad"

La vereda está en zona de influencia minera, por lo que las mujeres se dedican en su mayoría a barequear y los hombres a la mina. “Antes de la huerta nosotros nos dedicábamos solo a esto y Somos Tesoro nos invitó a participar. Decidimos reunirnos y comenzar a sembrar la tierra, ahora alternamos los días para venir a sembrar y a arreglar la huerta”, menciona Rosalba. Ya son tres años los que llevan trabajando en este proyecto comunitario en el que han incluido sus sueños y el propósito de impulsar una iniciativa que les permita garantizar mejores condiciones de vida a sus familias. “Ha sido una oportunidad para que aprovechemos mejor la tierra y podamos alimentar mejor a nuestras familias”, dicen.

En la huerta se ve el cilantro, cebollín, pimentón, plátano, pepino, ají, guanábana, caña, plantas aromáticas, maíz, fríjoles, col entre otros, y aunque el tiempo en agosto está muy seco para ver la variedad de colores, el suelo ha sido fructífero para las 7 familias que se alimentan de La Prosperidad, “Antes a uno le tocaba ir a comprar cilantro, cebolla o tomate, ya ahora se compra mucho menos”, dice Pedro. En lo que cosechan primero lo dedican a la alimentación de las familias y lo que va quedando lo comercializan a las personas de la misma vereda. Así, la mayoría de productos que consumen en La Caliente son fruto de este proyecto comunitario que se ha convertido en la base de su seguridad alimentaria.

La verdura bonita no es como la pintan…

En las montañas de Sogamoso, en la vereda Pedregal Alto, vive Johana junto con sus hijas, padres y hermanos. Silvia, que es su hermana, vive en Sogamoso y va cada 8 días a visitarlos y a trabajar en la huerta “Mi Futuro”, proyecto en el que llevan trabajando 2 años y el cual ha sido fruto de 4 mujeres y sus familias que poco a poco han sembrado los 350 metros cuadrados de tierra que tienen destinado para el futuro.

“Nosotros ya sabíamos sembrar e inicialmente teníamos la huerta solo acá para la casa, pero después de que llegó Somos Tesoro decidimos participar en la realización de la huerta comunitaria y así fue como llegó Andrea que ha sido nuestra amiga y que también hace parte de “Mi Futuro”, Cuenta Johana.

Su hermana Silvia menciona que muchas veces se han encontrado con que las cebollas que siembran salen chiquitas o deformes, lo mismo que los tomates y las lechugas. Sin embargo, es enfática en decir que primero le apuestan a la salud, porque “todas las enfermedades que llegan a nuestro cuerpo son por los químicos”. Por esta razón impulsan las prácticas agroecológicas, no usan químicos o pesticidas, prefieren usar rompevientos naturales y plantas aromáticas como cercas vivas contra insectos que puedan deteriorar los cultivos.

Y aunque la verdura que siembran no salga siempre “bonita”, ese es el valor agregado que ha permitido que más compradores los contacten para adquirir productos limpios y de calidad. “La gente ha tomado conciencia sobre lo que consume, las personas de aquí de la vereda saben que un producto como la cebolla o el tomate absorben mucho químico, por esta razón prefieren el que es sembrado de forma orgánica”. Es así como su forma de comercialización se ha extendido principalmente a Sogamoso, donde además de vender a sus clientes fijos, participan en los mercados campesinos que organiza la alcaldía.

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“Lo más importante es economizar”

A los cursos que venía ofreciendo el proyecto sobre Economía Familiar y Entornos Protectores, se sumó la oferta académica del SENA con talleres que les permitieran abarcar de manera integral el manejo de sus huertas, en aspectos técnicos y sociales. Actualmente, se les ofrece asistencia para mejorar la producción y fortalecer los emprendimientos asociativos.

 “Antes uno gastaba sin sentido, sin medida… y ya con las clases que nos dieron sobre Economía, uno tiene su alcancía y uno dice, esto me lo gasto para esto y así uno va ahorrando…lo importante es economizar”, menciona Pedro. De esta forma, no solo han logrado mejorar sus ingresos, si no que reinvierten en el sostenimiento de la huerta y en la producción de sus derivados, como la mazamorra, panes, empanadas y hojaldres.  dsc_0253_6000

En La Caliente muchas familias también han aprendido a administrar animales, como gallinas y cerdos, y proyectan construir un galpón de pollos para que muchas familias se puedan beneficiar de la actividad productiva comunitaria. “También nos han enseñado mucho sobre convivencia, a vivir en comunidad y a trabajar juntos”, menciona Diana. Aspiran a conformar una asociación de mujeres y dedicarse también al cultivo de cachamas, la cual han venido adelantando con una asociación de comunidades afro en alianza con las veredas vecinas de El Cristo y El Cenizo.

En Pedregal Alto, Silvia no oculta su pasión por las ovinos. Ve en ello un potencial productivo y por esto tiene un corral con cerca de 17 ovejas. “Todo lo que tiene que ver con la lana y la oveja la habíamos tenido en segundo plano. Ahorita estamos tratando de ampliar esto y mejorarlo económicamente”.

Silvia y las otras 3 mujeres que hacen parte de la huerta han recibido cursos en Contabilidad y Administración, y al igual que en La Caliente, reciben asistencia técnica para mejorar la calidad de lo que producen. También resaltan los talleres de Entornos Protectores y lo manifiestan en su día a día: “De la huerta comunitaria uno le vende a los vecinos y por eso son más familias las beneficiadas, hay más personas y es bonito porque uno ve la unión”. Actualmente hacen parte de una asociación de ovinos y planean expandir el negocio.

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 “El estudio es el primer paso para uno triunfar”

Tanto en Pedregal Alto como en La Caliente, saben que ofrecer un mejor futuro a sus hijos radica en que los niños y niñas puedan estudiar y no tengan que ir a trabajar: “Mi sueño es que mis hijos puedan ser profesionales, que sean grandes personas, que puedan viajar y conocer otros países… El estudio es el primer paso para triunfar”, menciona Silvia mientras deja saber también, que les inculcan actividades artísticas para que ocupen mejor su tiempo libre.

En esta familia boyacense, el papá fue el que siempre se dedicó a la mina, los hijos cambiaron el carbón por la universidad y se dedicaron a profesionalizarse en carreras como Zootecnia y Administración Agropecuaria, todas relacionadas con el campo, porque ven en esto el futuro de su familia y de su comunidad. De esta forma trabajan en conjunto, revisan los animales que tienen en el hogar y promueven mejores prácticas de cuidado.

En ambas huertas participan activamente para que los niños y niñas no trabajen, pero se preocupan por inculcar en ellos el conocimiento y amor por el campo. Por esta razón, a veces los llevan a la huerta a que conozcan las prácticas de sembrado y los tipos de verduras y legumbres; También les enseñan sobre el cuidado los animales. Así fue que el hijo mayor se Silvia se interesó por estudiar Química, y hoy a sus 19 años, busca aportar sus conocimientos a la tradición familiar “mi hijo ve el futuro en el campo, a nosotros nos gusta el campo. Él quiere terminar su carrera y especializarse en medicamentos para mejorar la vida de los animales”, relata Silvia.

“Me gustaría que mis hijas estudiaran para que fueran alguien en la vida…que todo no es barequear, que tengan un buen trabajo, y que sean sobre todo felices” menciona Diana de La Caliente, y así van sumándose una a una las esperanzas para el futuro de estas 11 familias de Boyacá y Antioquia, que ven en las huertas la oportunidad para sembrar y construir un mejor futuro para sus familias y su comunidad.

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