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Cuando terminaba el sol

Miguel Ángel Urrutia, Pablo Emilio Otero y Tomás Cundumí son tres jóvenes del Bajo Cauca. Viven en el municipio de El Bagre, en el departamento de Antioquia. Conocen muy bien la realidad de la minería artesanal y de pequeña escala, pues desde muy pequeños vivieron de cerca el trabajo infantil.

Miguel es un hombre tranquilo y sereno, la cámara lo pone un poco nervioso. Sin embargo, eso no impide que sonría un poco frente a ella. Habla de su familia como una de las cosas más importantes de su vida. Tiene seis hermanos, dos hombres y cuatro mujeres. Se define a sí mismo como el comodín de su familia, lo que en otras palabras explica cómo ser el mediador en cada situación difícil del hogar. Hace algunos años, la situación económica de su casa era bastante difícil. Miguel nunca vio la minería como una obligación, pero sí como la oportunidad perfecta para ayudarle a su padre a sobrellevar la difícil situación económica a la que se enfrentaban en aquel entonces.

Así se inició en la minería artesanal desde los 12 años. En esa época se levantaba a las 3 de la mañana aprovechando que no había muchos trabajadores en el lugar, instalaba su matraca e intentaba sacar mina. Por lo general, la jornada de trabajo podía terminar entre las cinco y siete de la noche, hasta reunir una buena cantidad de oro.

Mientras que la mayoría de los niños de su edad asistían a la escuela, Miguel permanecía en la mina durante todo el día. Hoy, luego de varios años, reconoce que en esa etapa de su vida el trabajo en la mina no solo lo privó del estudio, también de compartir con sus amigos y jugar con ellos. Miguel no olvida el día en que su padre le pidió no repetir su misma historia, pues él siempre quiso que Miguel estudiara y saliera adelante. A los 15 años, Miguel retomó sus estudios. A pesar del miedo que sentía y de su timidez no ha parado de estudiar desde ese momento. Su padre ha sido su gran motivación para seguir adelante, no rendirse nunca y continuar sus estudios hasta la actualidad. 

Por su parte, Pablo Otero comenzó a trabajar desde los 9 años. Al igual que Miguel, habla de su familia con un sentimiento muy especial hacia su madre. Una mujer que crió sola a siete hijos y que con trabajo duro logró sacarlos adelante. Sin embargo, al igual que Miguel, Pablo sintió la necesidad de ayudar con la situación económica de su casa, que tampoco era estable. Se inició en las ventas ambulantes, se levantaba a las 5:30 y vendía carimañolas hasta las 7:30 de la mañana, hora en la que entraba al colegio. Con lo poco que ganaba allí lograba ayudar a su madre en algunos de los gastos del hogar. A pesar de ello sentía la necesidad de obtener más dinero y fue así como entró a trabajar en una construcción, un trabajo pesado que ha dejado graves consecuencias en su cuerpo: un problema en la parte posterior del cuello lo aqueja hoy en día.

A Pablo le encantaba estudiar, no obstante, también era un niño tímido que, por la difícil situación a la que se enfrentaba, actuaba como adulto. En sus propias palabras, su vida se resumía en trabajar y estudiar, lo que no le permitió interactuar realmente de forma adecuada con niños de su edad y que por el contrario provocó en varias ocasiones el acoso de sus compañeros.  

Según Pablo, desde el momento en que dejó de trabajar su vida cambió radicalmente. El 90 por ciento del tiempo lo comenzó a dedicar únicamente al estudio, conoció nuevos amigos y fue representante de grado durante varios años.

Finalmente, nos encontramos con Tomás Cundumí. Al igual que Miguel, hace parte de una familia de tradición minera y comenzó a trabajar desde los 8 años. Siempre vio esta actividad como algo normal, pues la realizaba en familia. Dice que la minería le ha enseñado a valorar el trabajo y el trabajo en equipo. Sin embargo, también sabe muy bien que la minería le arrebató el momento preciso para ser niño, jugar, compartir con personas de su edad, tener ocio e inclusive descubrir algún talento.

No sabe con exactitud cuánto dinero ganaba en la mina, pues se conformaba únicamente con ver el oro que extraía. Trabajo en la minería hasta los 12 años, momento en el que decidió finalmente retomar sus estudios.

Actualmente estudia Psicología. Eligió esta carrera por el amor que encuentra en la educación. Además, ve allí la oportunidad perfecta para cumplir su vocación y ayudar a todas las personas de su comunidad que atraviesan una situación similar a la que él se enfrentó algunos años atrás.  Tomás quiere ser capaz de reconocer los diferentes contextos y así mejorar la calidad de vida de muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Miguel, Pablo y Tomás tienen la esperanza de que su historia no se repita más. Quieren que la vida en sus territorios comience a cambiar, pues desean que las próximas generaciones sean niños con mejores oportunidades educativas, lúdicas y recreativas.

Escrito por: Andrea Hoyos A.

Aquí sus testimonios:


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